Gloria Mateo Grima
Autora
Soy autora de todo lo escrito en este blog.
Ruego, por favor, respeto.
Derechos reservados.
Muchas gracias.
Gloria Mateo Grima
domingo, 8 de marzo de 2015
sábado, 21 de febrero de 2015
El poder de las palabras destructivas
Las
palabras tienen mucho poder. A veces transmiten cariño, calman, cambian
situaciones, intimidan, consuelan...En definitiva, pueden hacer el
bien o destruir.
Me voy a referir a las destructivas:
En ocasiones, alguna persona con la que tienes unos determinados lazos afectivos, utiliza sus palabras para etiquetar a otros resaltando
siempre los aspectos negativos que ha observado en ellos. Es especialista en hacer juicios de valor en negro. Parece que se desahoga así de las malos en su película. Y tú le crees. Necesitas creerle. El cariño que sientes es suficiente aval. Te pones de su lado; empatizas: de
manera inconsciente, esas personas a las que alude tienen todas
papeletas para caerte mal. A veces dudas y te preguntas si no habrá
alguna nota positiva de la que te pueda hablar también. Pero no la hay. No pasa nada. Ni siquiera te importa que las etiquetas las haya puesto a familiares muy cercanos. Ha juzgado y los ha colocado en un
nicho social: el suyo. Sus motivos tendrá -piensas.
El
azar o el destino es caprichoso. Un día conoces por primera vez o más fondo a alguno de esos
seres tan negativos. Los observas. Sacas conclusiones y la mayoría no
coinciden con las que has escuchado; otras,muy pocas, sí. ¿Qué haces entonces? En conciencia tienes que sincerarte. Le dices que discrepas en varios aspectos; también le hablas de los que estás de acuerdo. No eres una marioneta que se deje manipular. Tienes criterio propio.
Surgen los problemas. Es curioso: te das cuenta de que ninguna de las dos cosas le gustan. Mal si no coincides y mal si recalcas aquéllo en lo que crees que tiene razón. Se diría que, incluso, le molesta más la segunda postura. Te confunde. Te desconcierta. Recuerdas en ese momento que en España tenemos un refrán que dice: “De los tuyos dirás, pero no oirás”. Es así. Lo constatas: le desagrada que estés de acuerdo en algo y se lo manifiestes repitiendo sus propios argumentos.
Surgen los problemas. Es curioso: te das cuenta de que ninguna de las dos cosas le gustan. Mal si no coincides y mal si recalcas aquéllo en lo que crees que tiene razón. Se diría que, incluso, le molesta más la segunda postura. Te confunde. Te desconcierta. Recuerdas en ese momento que en España tenemos un refrán que dice: “De los tuyos dirás, pero no oirás”. Es así. Lo constatas: le desagrada que estés de acuerdo en algo y se lo manifiestes repitiendo sus propios argumentos.
La relación contigo se envenena. Pasas a ser un estorbo y ese cariño que te tenía lo tira por la cloaca en un sacudir de manos.
Te preguntas entonces por qué se ha sincerado contigo. ¿Lo ha hecho realmente? ¿Acaso había alguna intención que se te ha escapado en la confianza?
Tu
informador ha vaciado su casquería contigo,
pero no te engañes: no estás entre los que considera suyos -te
dices. Lo acabas de sentir. Has sido su confidente. No le has preguntado. Lo que ha comentado lo ha hecho de
una manera espontánea y libre. Pero...
Sí, pagas caro su incontinencia verbal envenenada. Ahora, ya se ha posicionado ante tu actitud: le molestas en su camino; te quiere sacar de él y lo hace.
¿Seguirá
pensando igual sobre todo lo que te ha contado? Efectivamente: se ha doctorado en
hipocresía llenando de atrezzos falsos el teatro
de su vida.
Solo
sabes lo que ha ocurrido contigo: te ha mandado a que te vayas por la
sombra. Ha quedado como Dios
delante de los demás. Es la víctima y tú el verdugo. Pero a ti no te puede engañar. Sabes bien qué es lo que opina y de quién o quiénes. ¡Si tu dijeras...! Mejor no. No te creerían.
Entonces piensas: ¡maldito poder el de las palabras destructivas! ¿Por qué las habré escuchado?
¡Qué pena que haya personas que para alimentar su ego tengan que triturar el de los demás!
¡Qué pena que haya personas que para alimentar su ego tengan que triturar el de los demás!
Cuando alguien resalte solo lo negativo de otros, hay que estar en guardia: suelen ser manipuladores y el daño te salpicará. Quizá pagarás un precio demasiado alto a nivel emocional.
Éste es solo un ejemplo del poder devastador de las palabras destructivas. Hay otros.
domingo, 15 de febrero de 2015
SERGIO Y ESTIBALIZ - CANTINERO DE CUBA
En memoria de, Sergio, un cantante con sensibilidad.
Gloria Mateo Grima
sábado, 24 de enero de 2015
domingo, 11 de enero de 2015
sábado, 10 de enero de 2015
Relato--¿Se cumplen los deseos? Solo en los sueños o en las historias románticas.
El
salón de actos estaba repleto. La mezcla de teatro, música y poesía
habían convocado a más espectadores que lo que el recinto podía
recibir. Mucha gente se quedó en la calle, a pesar de haber estado
esperando en la fila para obtener entradas. No hubo para todos. El
frío de los que quedaron fuera se lo llevaron dentro de sus cuerpos
doblemente a casa: por no poder entrar y por haberse quedado medio
congelados en el intento.
El maestro de la ceremonia tenía gran capacidad de convocatoria. Emanaba, decían -a ella no hacía falta que nadie me lo hiciera saber- un encanto especial. Tenía embrujo. Era envolvente. Sus palabras inducían a elevarse del mundo real para vivir flotando en el aire inmersos en lo que decía. Abajo se quedaban las realidades, los miedos, la crisis.
Ya
lo conocía de otras ocasiones. Sabía de su sensibilidad y sí,
estaba platónicamente enamorada de él -tenía que confesarlo. No llevaba idea de quedarse a ver todo el contenido de lo que allí iba a acontecer.
Simplemente estaría un ratito. Quería sentirlo cercano, respirar
por unos momento el mismo aire. Se contentaba con eso. Él tampoco
se enteraba de que ella existiera. Era una persona más sentada en
una butaca. Aunque, últimamente, le habían llegado algunas
vocecillas que, quizá para ilusionarla, (hay personas bondadosas,
aunque la mayoría van a aplastar si intuyen algún interés de
alguien hacia otra persona que en su imaginación le pueda hacer
competencia) le habían comentado que había preguntado en varias
ocasiones por quién era ella.
Pero
solo eso. Nada más. Ella no era nadie.
Él
sí. Él tenía una personalidad arrolladora y una gran inteligencia.
A cualquier mujer le hubiera despertado el interés.
Se apagó la luz. El ambiente era cálido, por eso decidió quedarse hasta el final. La tarde era desapacible.
Comenzó el evento: primero una breve obrita de teatro corta, luego canciones y finalmente poesía.
Tuvo la suerte buena o mala, de que le dieran una butaca al lado de una
columna. Eso sí: era un lugar discreto.
No
le pregunten de qué trató la obra representada, ni las canciones,
ni los poemas. Sí, pregúntenle cómo iba vestido él, cómo movía
las manos, hacia quién dirigía su mirada en la medialuz del teatro.
Seguro que no miraba a nadie en concreto y sí a la masa. Suele
pasar...
El
acto se terminó. Los asientos comenzaron a desnudarse. El espacio se
estaba quedando vacío. Esperó. No le apetecía levantarse. Quiso
salir en último lugar. Quizá no deseaba que se rompiera el encanto.
Cerró los ojos. Escuchaba los pasos cada vez más lejanos de los últimos en salir. Ya..., ahora voy yo también, -se dijo a mí misma.
En ese momento, sintió en su nuca un cálido aliento.
-¿Nos
vamos a tomar un café? -le dijo una tenue voz.
Un
escalofrío recorrió su cuerpo: era él. Y ella...y ella no lo podía
creer.
¿Se cumplen los deseos? Alguno, pero solo en los sueños o en las historias de películas románticas.
En este caso ocurrió.
Gloria Mateo Grima
jueves, 1 de enero de 2015
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