Autora

Soy autora de todo lo escrito en este blog.
Ruego, por favor, respeto.
Derechos reservados.
Muchas gracias.
Gloria Mateo Grima





lunes, 5 de abril de 2010

Y despertó la mujer...



Me besaban tus ojos y huía a las penumbras,
porque había olvidado nubes de caramelo
de lejanos días.

Me cantaban canciones tus palabras doradas
y daban a mi vida esbozos de locura,
con desvarío dulce.

Me devolviste a mí de mi sueño apagado.
Y despertó la mujer...
G.M.G.

Más primaveras









La noche está pasando, va habiendo claridad.
Paseo por el campo:
un saltamontes viene y se queda muy quieto;
y las salamanquesas con su piel transparente,
me miran fijamente.
Las hormigas se ríen y me hacen cosquillas.
Huelo el olor a hierba.
Verdes de mil colores
compiten en belleza.
Los dientes de león, malvas y campanillas
aportan pinceladas de colores.
Un ababol bosteza
y yo desesperezo.

¡Me gustaría tanto que siguieras ahí
por tantas primaveras!
G.M.G.

domingo, 4 de abril de 2010

En el columpio


Se balanceaba, con la energía de sus 5 años, en un columpio de madera sujeto con dos cuerdas a la gruesa rama de una morera.
Su abuelo había conseguido la magia de que pudiera volar por unos momentos. Ella empujaba con su cuerpo hacia adelante, fuerte muy fuerte… Quería fundirse con el viento, sentirlo. Deseaba alcanzar las hojas más altas del árbol. Mezclarse con ellas. Se ponía de pie sobre la tabla ¡Todavía más difícil! Sí. Así se sentía grande. Capaz de comerse al mundo. Era suyo, le pertenecía.

Detrás, a su espalda, escuchaba el canto de una cigarra que habitaba, guarecida del calor del verano, en lo alto de una acacia. Era un sonido repetitivo, pero mágico. Parecía que quería acompañarla en sus vaivenes marcando un ritmo, mezclado también con el compás del agua clara de la acequia al acariciar las piedras del fondo y como notas semicorcheas, los “tejedores” que pululaban por su superficie. En las orillas, hebras de hierba fresca, danzaban acariciadas suavemente. Todos ellos configuraban la banda sonora de una película creada por el Hacedor de la naturaleza para la ocasión. Allí cerquita, una losa estratégicamente situada esperaba la hora de ser utilizada por alguien para ayudar a fregar alguna vajilla. Y como abrillantador de las “morreras” de las ollas, el barro, aquél con el que también hacía muñecos y los dejaba secar al sol. Olía a vida.

Pronto llegaría. Se escuchaba a lo lejos. El silbido era el chivato que lo delataba. Ya estaba cerca, muy cerca. La envolvería en su magia al pasar por delante. Tenía que prepararse. ¿Estaba guapa? ¿Se había puesto un vestido bonito? ¿Y su sonrisa? No debía descuidar ningún detalle.
Entonces se sentía como una protagonista, la más grande, subida a un escenario. Sí, porque iba a tener muchos espectadores. Daba igual el poco rato que la vieran, pero serían muy importantes. Y, desde su pequeña estatura de niña, les haría sentir que existía. ¡Estoy aquí! ¡Soy yo! Ellos la mirarían a través de los cristales medianamente bajados de los vagones del tren de madera. Algunos sonreirían. Otros, se asomarían y la saludarían.
Qué bien vivía esos momentos .Cómo era feliz… Cuántos rostros pasaban por delante de aquellos ojos pardos amparados bajo la sombra de la morera…

Escribía sus propios guiones. Cada día uno. Los improvisaba. Y se superaba. El siguiente lo inventaría mucho más hermoso. Eran suyos, le pertenecían y formaba parte de ellos, aunque sólo fuera por unos minutos demasiado breves y efímeros. Por eso los vivía intensamente. Se le difuminarían enseguida y desaparecerían en la lejanía con destino desconocido. Pero no importaba, habría más. Siempre habría más. Su imaginación no tenía límites.

No sabe cuándo acabó de de crear historias. Aunque, sí, sí lo recuerda: con el transcurrir del tiempo, pasaron trenes, demasiados. Y siempre de largo. Los sonidos eran cada vez más lejanos y ninguno se detenía. Acaso, sólo alguno por breve tiempo.
El columpio se lo llevó un ladrón de guante blanco, la cigarra dejó de cantar y se marchó a formar parte de otras bandas sonoras, el agua arañó las piedras destruyéndolas igual que hizo con la losa y el barro, los “tejedores” se asfixiaron y a las hierbas de las orillas las mataron los herbicidas. La sinfonía enmudeció.

Por eso guarda llenos de polvo, en un rincón, los “cortos” atrapados en las cintas más antiguas de su memoria. Por eso los tiene bien escondidos: son los guiones más valiosos de su vida.

G.M.G.

Era mi padre



“Tenía unos grandes ojos negros y unas pestañas muy largas. Era el más guapo de todos los hermanos”. Así me describía a mi padre, el otro día, una prima, a la que su madre, mi tía y hermana de él, le había contado cómo era.

Veinticinco años. Una caída de la máquina del tren que conducía le golpeó con un derrame interno en las entrañas: las de su propia vida. No le quedó tiempo apenas de ser el maquinista de su recorrido. Latió poco su juventud. No tuvo tregua. No se le indultó. Y se fue hacia la nada con nada de equipaje. Sólo un lugar en una esquina de una pared de un cementerio, que se divisa desde las afueras del pueblo, contendrá o no aún sus restos. El tiempo es inclemente. Las mentes de muchos, más.

No lo conocí. No supe nunca lo que significa tener un padre, pero sí supe de su falta. El cariño, la comunicación y la disciplina, pilares básicos para que un hijo no pierda su Norte, me fueron donados por mis tíos. No me puedo quejar, fui privilegiada. Pero a él no lo vi, ni siquiera en foto. Luego, sólo una y de perfil, me mostró cómo era físicamente. Se aferraba a una barandilla, quizá previendo lo efímero de su futuro. No hubo fuerza que lo contuviera aquí. Es lo único que tengo, junto a su cartilla del servicio militar, una carta y una postal escritas de su puño y letra a alguien. Todas están viejas y el paso de los años han dejado su huella amarillenta. Aún así, trato de buscarle un parecido con mi hijo. Es lo que hace la ilusión…

A su nieto le he contado lo que sé. No es mucho. No lo invento. No le digo que era bueno, déspota, autoritario o cariñoso, porque no lo sé. Sería engañarle. Pero, al menos, su recuerdo no morirá conmigo.

Estos días he leído su partida de defunción: un 28 de Septiembre. No lo sabía. Nunca me lo dijeron. Quizá quisieron dejarlo en el olvido por el propio dolor que podría evocar. Pero ha ocurrido. Justo cuando se está a punto de cumplir eso que llaman aniversario de un fallecimiento. Me he quedado un buen rato pensando, acariciando el papel doblado en cuatro, en cómo la vida puede matar viviendo de un zarpazo, en lugar de permitir esa cadencia en la decadencia.

Es difícil sentir algo hacia alguien a quien no has conocido. Pero es más difícil aún si nadie te ha contado mucho sobre cómo fue, cómo pensaba, cómo quería…Sin embargo, sé que fue, que existió y la vida lo mató viviendo la energía de la juventud. Me hubiera gustado tanto el haberme podido agarrar de niña a su pantalón, y haber pronunciado la palabra “papá”…

Se idealiza lo que no se tiene. Se sueña con aquello que se quiere alcanzar. Por eso nunca he querido soñar demasiado, ni con las cosas ni con las personas. Un instante, un momento: es lo único que hay, es lo que tengo.

Suena a lo lejos un tren. Se divisa lo que creo que es la máquina, porque va al principio y casi no se diferencia del resto. Ya no tiene el color del azabache. No se ve al maquinista por la velocidad de vértigo que alcanza. No da tiempo de levantar la mano para despedirse de nadie. Pasa como un suspiro. Pero lo imagino…lo imagino a él y siempre lo despido. Aunque nunca haya venido a la estación donde yo lo esperaba.

“Tenía unos grandes ojos negros y unas pestañas muy largas. Era el más guapo de todos los hermanos”. Era mi padre.

G.M.G.

viernes, 5 de marzo de 2010

Sin miedo al miedo


A tantos años de rejas me han condenado,(Dedicado a un interno a punto de obtener su Libertad Condicional)


Con los ojos perdidos, mirando al infinito, en la sección abierta, esperas impaciente, pero con mucho miedo a la vez, tu libertad definitiva.
Sé que es muy difícil para ti, que entraste muy joven entre rejas y que has pasado más de 14 años perdido en laberintos de diferentes cárceles españolas, retomar tu contacto con la sociedad.
Por eso, he querido escribirte la letra de esta canción, tratando me meterme en tu piel, para que con tu guitarra pongas el sonido que brote de tu interior y te sirva al menos para darte un poquito de fuerza.
¡Ánimo E.! Te quedan muchas experiencias buenas por vivir.

Estoy dentro de mí, librando una batalla,
el enemigo ataca, es el monstruo del miedo,
que me ahoga y sofoca, me paraliza y mata
y mi alma se rebela y otras veces se calla.
que llevo mi delito a fuego marcado,
y duelen las entrañas, me he olvidado,
perdido en el camino, acribillado.

Pero hoy me he levantado mirando al cielo,
con armadura nueva, sin miedo al miedo.
De frente afrontaré cada momento,
aunque aún me queden días de algún lamento.
Detrás de un largo infierno hay caramelos
que me darán caricias y otros afectos.
Ganaré la batalla a tantos miedos
e iré poquito a poco hacia un futuro nuevo,
que romperá barrotes de mis recuerdos,
y encontraré los sueños que tanto anhelo.
Y hoy me he levantado mirando al cielo,
con armadura nueva, sin miedo al miedo…
G.M.G.

domingo, 28 de febrero de 2010

No soy quietud





No soy quietud.
Soy torbellino hambriento
y guirnalda de fiestas
de amaneceres claros
y sol alegre.

No soy sollozo.
Soy esperanza
que busca las sonrisas
en los niños.

No soy rastrojo
de campos mustios
y Cierzo Fuerte.

Soy primavera suave,
flor de colores,
brillo en los ojos,
caricia fresca,
guiño de besos.
Y llevo en mi cartera
muchos abrazos,
que he recibido
y por repartir
de los que estrujan
y nos envuelven
a ti y a mí.


G.M.G.







domingo, 10 de enero de 2010

Así eres tú




No quisiera volverme un recuerdo perdido
que sólo fue un instante y después no fue nada,
No quisiera en la noche dormirme
sin dejar mi caricia en tu almohada.

Eres, casi sin conocerte, un suspiro escondido
que guardo en mi interior muy, muy callada
Eres un sueño del que no quiero irme,
quiero seguir contigo acurrucada.

Así eres tú, aún en la distancia:
sosiego, torbellino y esperanza.

G.M.G.