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Gloria Mateo Grima





domingo, 3 de julio de 2016

Gabriel Villuendas, mi amigo.









Pocas veces se puede decir. En estos tiempos, en los que la amistad tiene una fecha de caducidad muy corta y nos tiran o tiramos a la basura lo que es solo un sucedáneo, ya quedan muy pocos verdaderos amigos. 
Pues bien, Gabi es amigo mío desde casi mi adolescencia. Sí, el que ahora confiesa que por su mala pata se ha visto obligado a coger un bastón porque así se siente más seguro. Ese al que teníais que haber contemplado por la Plaza de Aragón, hace años, en una tarde de primavera, caracterizado de Charlot, con un bastón en sus manos cabrioleras, bombín en la cabeza y ojos siempre chispeantes cuando veía pasar a una mujer (en eso se parecía a su padre). Os puedo asegurar que aquel día no lo reconocí. Sabía de sus ocurrencias, de que el surrealismo le caracterizaba, pero nunca me imaginé que debajo de aquella apariencia estuviera él. Primero me asusté cuando vi venir a aquel extraño personaje hacia mí, luego solté una carcajada. Sus pasos imitaban a la perfección al gran cómico, pero la voz le traicionó.




Gabi, el que estuvo ahí a la hora de mi doloroso divorcio. El que organizaba almuerzos y meriendas guays, junto a su padre, en su tienda de revistas. Gabi, el conquistador romántico. El que más que sexo (que también),  cuando conocía o conoce a una mujer, desea siempre más la ternura y el cariño. Gabi, el que bajo la apariencia de frivolidad (¡mentira!),  se volcaba y vuelca  a la búsqueda de un trabajo cuando me faltó, les faltó a otros o les falta. Eso sí, y él lo sabe: a veces ha pedido ayuda a personas que han confundido churras con merinas, pero no ha sido su culpa si los pudientes tenían o tienen las mentes demasiado calenturientas.  Una vez visto su plumero, punto y aparte.


Gabi tiene conocidos hasta en las calderas de Pedro Botero. Arranca,  de las piedras si es necesario, una ayuda para alguien que lo necesite. Se ocupa más de los demás que de sí mismo. Es un entusiasta de la música, que promociona en Aragón y fuera de sus lindes, siempre que puede.  Colecciona mil cosas y vende otras mil actualmente y, todavía, en la Plaza de San Francisco (Zaragoza). Ama a su tierra por encima de todo. Presume de ello, no lo esconde. Ha pregonado España, incluso cuando ha viajado fuera. De ahí la cantidad de personas que saben de él y de su bondad. Su generosidad incondicional ha trascendido más allá de esta Piel de Toro.



Me ha dicho muchas veces que soy muy dura. Sí, tiene razón: al pan, pan y al vino, vino. Nuestra amistad  nunca se ha adulterado con otro tipo de sentimientos y le agradezco su respeto.  En definitiva, tengo que darle las gracias por muchas cosas, pero la más importante y con letras mayúsculas por SU AMISTAD. 



¡Gracias Gabi! ¡Eres increíble, pero muy cierto! Con el bastón de ahora o con el de antes. Da lo mismo. Los años han pasado para todos. Tú sigues en la brecha. Ojalá hayas encontrado en el camino lo que siempre has anhelado. Creo que sí.

Un fuerte abrazo.











Gloria Mateo Grima